Un vendedor callejero de biblias personales autoeditadas y autoeregidas por y para el mismo a la entrada de un supermercado…
«¿Cómo?, ¿esperanza?, no lo siento, no me queda nada de eso…
Quiero decir que tampoco es que me encontrará nada de eso ayer mismo en el interior del supermercado cuando estuve en…
Deja que entre, indague y realice una investigación más profunda y a fondo y ya te digo cuando salga…»…
El mismo vendedor callejero de biblias autoeditadas y autoeregidas a la salida, tras abrirse un semáforo y cruzar un paso de cebra…
«¿Tienes algo para la liberación de la mujer?…
¿No tienes nada para la liberación de la mujer?…
Nah, entonces no me sirve…
Ah sí, se me olvidaba, tras la minuciosa investigación realizada, puedo decirte que la poca esperanza que queda y que he encontrado se encuentra enlatada en el segundo pasillo en la sección de la charcutería…
Actúa con cuidado y con precaución si decides darte un garbeo por ahí…
La cosa no está muy católica»…
